En un interesante ensayo escrito para el VI Congreso Internacional del idioma el escritor William Ospina nos relata sus opiniones sobre la utilidad del libro, su impacto en la sociedad y también nos deja entrever su preocupación por la crisis, definida, en este caso, por la caída de las ventas de las obras, así como del número de lectores. El mismo escritor nos dice, casi explícitamente, que este fenómeno indeseado está directamente relacionado con la crisis económica que se ha alastrado por todos los países, incluyendo los del primer mundo. Adicionalmente nos indica que los escritores deben oponerse a ciertos fenómenos del día a día, tales como la piratería y su versión digital ejercida por hackers. Finalmente, nos explica que la piratería terminará cuando los libros se hagan al alcance de todos, y creemos aquí que se refiere a que los mismos tengan su precio reducido para el público lector.
Lo que pasó desapercibido para el escritor colombiano es que el hueco es más profundo de lo imaginado. Para comenzar citemos algunas máximas de Marshall McLuhan, el famoso visionario canadiense, que en el comienzo de los años 60 visualizó la estructura y el poder de los medios de comunicación, de los cuales el libro es una pequeña parte, con el perdón de William Ospina. En este caso, podemos colocar el libro como un medio de comunicación, el cual envuelve una tecnología, una clase social que la domina, unas relaciones sociales que crea (sólo por el hecho de existir), y también un sistema de valores. Y como cualquier tecnología tiene su historia, sus ancestros, su comienzo, su crecimiento, su auge, y también su decadencia.
Esa tecnología Gutemberiana (como citada por el propio McLuhan), que también podemos asociarla a la prensa escrita, creó el individualismo y el nacionalismo del siglo XVI. Creó una media, una estructura física, de hojas de papel encuadernadas, sobre las cuales pudieron imprimirse textos, figuras, fórmulas, narrando historias, creando nuevas relaciones sociales, en donde las informaciones transitan de una forma particular. Eliminó algunos tipos de trabajos relacionados con tecnologías antiguas, como los copistas, y creó otros, como los obreros que trabajan en la base, haciendo funcionar las máquinas impresoras, y finalmente los editores.
En este caso, si el libro se nos muestra como enigma (como descrito por el escritor colombiano) es sólo por su estructura: una capa que cubre todo, como un misterioso velo, y unas hojas que deben ser hojeadas una a una, en una estructura funcional típicamente secuencial. El libro tiene un costo, relacionado con la industria de la celulosa (que mueve billones de dólares por año), y que tradicionalmente fue enemiga de los bosques, y de las aguas, a las que contaminó sistemáticamente durante más de tres siglos, con sus detritos y basuras químicas.
Discerniendo un poco sobre la famosa frase de McLuhan “el medio es el mensaje”, vemos claramente que detrás de una tecnología de comunicación están las estructuras que crean, y que permanecen ocultas para la gran mayoría de las personas. En este caso, el propio McLuhan nos dice que los efectos de la tecnología no ocurren en el nivel de las opiniones y de los conceptos: "ellos se manifiestan en las relaciones entre los sentidos y en las estructuras de percepción, a un paso firme y sin cualquier resistencia". Y finalmente nos dice que “pocos derechos nos restan a partir del momento que sometemos nuestro sistema nervioso a la manipulación de aquellos que procuran lucrar alquilando nuestros ojos, oídos y nervios”. O sea que la propia tecnología modifica la manera de pensar, de sentir, de discernir de las personas, y por lo tanto sus efectos en la estructura permanecen desapercibidos. Si habláramos del punto de vista del psicoanálisis clásico, podríamos decir que estos cambios estructurales permanecen en el inconsciente de las personas. Mas como sus efectos van de lo individual para lo social, tal vez tendríamos que tomar prestado de Jung sus conceptos sobre los arquetipos y del inconsciente colectivo.
El hecho de McLuhan haber colocado la información en un plano secundario, en su teoría sobre los medios de comunicación, ha creado reacciones acaloradas. Pero veamos el caso de la matemática, en el que no se habla de medios de comunicación, pero sí discute abiertamente el concepto de información. En este caso la misma debe ser procesada, almacenada en dispositivos de memoria, y transferida a través de medios de comunicación, tales como redes, teléfonos, satélites, etc. El concepto formal de información fue introducido por el matemático e ingeniero Claude Shannon en el final de los años 40, siendo uno de los pilares de la informática, en la que se definen matemáticamente conceptos tales como cantidad de información, entropía asociado a un código y a un mensaje, así como la capacidad de un canal de comunicación. El descubrimiento de Shannon fue basado en el hecho de asociar la cantidad de información de un mensaje con el concepto de probabilidad, esa área de la matemática que se aplica al estudio del comportamiento de las partículas subatómicas, de las partículas de los gases, de los juegos de los dados, y de los lances de cartas de jugadores y de cartomantes. En este caso Shannon nos dice que los mensajes con mayor información son los que menos tienen chances de llegar. Por ejemplo, decir que “va a nevar en Cali o en Palmira” tendría un contenido mayor de información que decir “va a hacer frío en Bogotá”. En este caso, el primer mensaje tendría menos probabilidad de ser enviado por una estación meteorológica. Mas si fuera enviado, su impacto sería mayor, por no ser esperado, y hasta podría volverse una catástrofe tropical. O sea que lo que en el fondo nos dice Shannon es que aquello que nos toma por sorpresa, lo que no esperamos, tiene más impacto y más valor, y por lo tanto su contenido de información es mayor.
Esta teoría también nos induce a pensar que los buenos libros son menos probables de ser escritos que los malos libros, por el hecho de los primeros contener un mayor nivel de información. De la misma manera, ser un buen poeta también es bien más difícil que ser un presentador de televisión, como alguna vez lo sugirió el poeta Jota Mario, al quejarse de ser confundido con un homónimo suyo: “y confunden un poeta nadadista con un loro de Opus Dei…”
Tal vez la crítica hacía McLuhan pueda ser enfocada en el sentido de que no percibió que el concepto de información podría ser más extenso de lo que comúnmente se cree. Tomemos ejemplos de la genética en donde la información guardada en el código genético funciona como una gran biblioteca, en donde están escritos por lo menos los secretos de la biología de nuestros cuerpos y tal vez parte de nuestras tendencias. La biblioteca profetisa desde el comienzo lo que seremos. Lo que nos hace recordar la biblioteca de Babel, el famoso cuento de Borges, que describe el ambiente de una biblioteca interminable, con libros escritos en diferentes lenguajes, algunas totalmente desconocidas, siendo que algunos textos son meras repeticiones de signos (estos últimos tendrían poca información, por su previsibilidad, según la teoría de Shannon). En este caso podríamos afirmar que nuestra biblioteca narra previamente nuestras vidas; y por lo tanto literatura, profesía y vida se mesclan, en una lucha interminable contra el crecimiento de la entropía. De esta manera, las estructuras que conforman los sistemas en general (incluyendo los medios de comunicación) pueden también ser vistos como información, lo que fue visto de manera clara por Norbert Wiener, matemático estadounidense. Él fue uno de los primeros a sistematizar las ideas de la cibernética (palabra que él mismo creó), que envuelven el concepto de realimentación negativa, que puede ser observado cuando dirigimos un carro, en donde inconscientemente estamos calculando el error (la diferencia) entre nuestra trayectoria real y de aquella que deseamos recorrer, con el fin de hacer los ajustes necesarios en el timón. O sea, el carro es información (descrita por su modelo matemático), las trayectorias (reales y deseadas) y las acciones que tomamos con el timón del carro son información, y tal vez el piloto podamos algún día verlo como información de una enigmática biblioteca. O sea, que la estructura de los medios de comunicación y el concepto de información podrían ser vistos como dos caras de una misma moneda; de la misma manera como los físicos ven el fotón: unas veces como partícula y otras veces como onda. Son los eternos problemas de dualidad.
Y si aún existen resistencias para enfrentar estos hechos, le podemos echar la culpa a la grande y millonaria industria de la celulosa, a los editores y a las librerías tradicionales. Sino pregúntenle a los editores el porqué los libros electrónicos tienen casi los mismos precios que los libros tradicionales. La respuesta es fácil, hay empresarios que van a quebrarse, hay oficios que están en la cuerda floja, como el de editor, por ejemplo. Pues esta nueva tecnología de comunicación tiene su propio mensaje, como un ángel de apocalipsis, que anuncia que la era de los intermediarios llegó a su fin, que ahora los escritores y artistas tendrán que comunicarse directamente con los lectores y apreciadores. Y si vamos al terreno de la política también nos anuncia que la era de la democracia representativa está con sus días contados, pues los ciudadanos ahora tendrán todo el poder de la información y podrán votar online sobre decisiones importantes, evitando así las negociatas y corruptelas que congresistas suelen realizar en sus recintos mal olientes, y a espaldas de sus electores.
Sin duda que el credo de que el libro tradicional es –y será– intocable será defendido por sus profetas y curas de oficio. Pero nosotros también podríamos profetizar, de la misma manera como Pelé lo hizo cuando dijo que antes del año 2000 un equipo africano ganaría la copa de la FIFA. Claro que no ocurrió y ni ocurriría de ninguna manera, pues para la FIFA no sería un buen negocio tener un campeón en un continente lleno de miserias económicas y sociales, lo que le daría mal aspecto a las fotos y telones de fondo que los patrocinadores de zapatos y prendas deportivas usan para sus propagandas. En este caso Pelé pecó por ingenuidad, pues no reconoció la estructura de una institución deportiva, sus reales intereses; o sea su mensaje. Es como si nosotros pronosticáramos que antes del año 2030 un bloguero ganaría el premio Nobel de literatura.
Y claro que toda nueva tecnología viene con sus males, y en este caso los piratas y hackers hacen parte del paquete tecnológico, y lo mejor sería colocarlos en la matriz que describimos anteriormente. Porque parte del mensaje del medio (según lo que nos propone McLuhan) es la transparencia, la invitación a la invasión del contenido, el retorno de lo público, de la discusión, de la oralidad en un nuevo contexto. Y si sentimos temor a que nuestra intimidad sea revelada, el camino no será perseguir a los hackers y colocarlos en las cárceles, pues sería como intentar apagar un incendio echándole gasolina. Pues el mensaje que nos llega es que debemos ser transparentes, aliviar nuestras barreras, ser honestos, humildes, y no tener nada para esconder.
Un otro aspecto vinculado, y a vezes criticado, en las nuevas medias tecnológicas es su paralelismo intrínseco, en la transmisión, en el almacenamiento y, sobre todo, en la visualización y acceso al contenido. Este último aspecto representa un contraste con respecto a la secuencialidad del libro, al que observamos, comúnmente, hoja por hoja. Este aspecto de secuencialidad ha sido defendido por muchos especialistas como una posibilidad de aprofundamiento en la observación, lo que nos daría más tempo para pensar en el contenido, para asimilarlo. Por otro lado la simultaneidad de las observaciones, permitidas por las nuevas medias, ha sido atacada por los mismos especialistas, por el hecho de poder inducir a la superficialidad. En verdad el paralelismo en la observación, por la múltiple exposición de facetas, ya había sido introducido un siglo atrás por los cubistas, en donde el cuadro como tal fue alterado como media. Los cubistas introdujeron varias facetas de una figura en el mismo cuadro, y esa fue su revolución –y por eso fueron criticados durante años. Pero ahora nadie se atreve a decir que un cuadro cubista induce a la trivialidad, a la superficialidad en la observación; porque el beneficio de esta abordaje, nueva para su época, supera con creces cualquier efecto colateral que pueda tener. Y si quisiéramos forzar esta argumentación podríamos citar el ejemplo del cine, la séptima y última arte, que ofrece la simultaneidad del contenido, en donde tenemos el teatro, la pintura (en su expresión cinematográfica, como imagen) y la música juntas. Entonces podemos ver claramente que el problema no está en el paralelismo de la visualización y en la experiencia simultanea de los contenidos, pues hasta nuestro cerebro funciona así en el día a día.


